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La fantasía perdida del Independiente Alegría PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juan Guayara Mora   
Viernes, 20 de Agosto de 2010 05:01

Esta historia se escribió a las risotadas...

Nosotros jugamos por divertirnos.
Nunca vamos a jugar por plata.
Cuando entra la plata, todos se matan por ser estrellas,
y entonces vienen la envidia y el egoísmo.
El Veneno- Equipo Los Cebollitas
Eduardo Galeano- El fútbol a sol y sombra

Entre andurriales y peladeros se jugaron la felicidad, no los millones. Burlaron el hambre y la necesidad distrayéndola con la danza de la pelota. Sesenta y tres partidos ganados en línea durante una campaña de tres años, y hoy es un equipo de nostalgias míticas y recuerdos alegres que inspiran una historia en una foto, y me amenizaron junto a su fotógrafo y varios contertulios una tarde y varias amargas en una tiendecita de Robles -Jamundí-. Sangre, corazón y risa.

Y de golpe apareció la foto...

Entre un arrume de libros viejos recibidos en donación a una biblioteca pública de Cali, salió volando una postal futbolera que concentró mi atención por varios días. Averigué nombre y domicilio del donador y este me remitió donde su hermano, Gilberto Tovar Trejos, fotógrafo desde hace treinta y siete años y residente en la población de Robles. Cuando presente el motivo y objeto de mi búsqueda don Gilberto dejó escapar una sonrisa de confianza que aseguró su autoría: Esta fotografía, creo haberla tomado entre el 77 y 78 en la población de Jamundí. No existe en mis archivos, pero del equipo si que me acuerdo...eran los torneos de pueblos, partidos espontáneos que se armaban con paseo y fiambre, alrededor de una barra de seguidores que apostaban la cerveza o los billetes. No había tabla de clasificaciones pues no había torneo avalado por ninguna institución. Cada partido entonces era el inicio y la final de un enfrentamiento entre poblaciones.

Independiente Alegría

Una gesta por contar, una historia no oficial.

Las historias del fútbol no reconocen los establecimientos, ellos son sólo un accidente organizacional que estructura la fiesta de la pelota. En el juego de once contra once está la vida como esencia en la actitud inquebrantable de dejar en el césped la última gota de esfuerzo y creatividad fantasiosa, que hacen de la física y el desplazamiento, un arte. En el campo de juego, así la cancha sea dos piedras en la calle, un duro peladero o un estadio mundialista, nadie quiere, ni juega para perder. Siempre va a ser la vida la que gana con ello.

Eran los días en que la Tromba Verde de Bilardo alcanzaba la primera final continental para Colombia, y la maldición de Garabato se exorcisaba con la primera estrella de la Mecha, pero en las canchas de los pueblos circundantes a Cali se escribía otra historia paralela de igual dimensión. El Atlético Valle del Cauca, equipo compuesto por jugadores jóvenes de diferentes municipios, lograba con tesón y entusiasmo una marca imbatible para cualquier equipo amateur, y por qué no, profesional: Setenta y tres partidos invicto en casi tres años de campaña solitaria y errabunda por las canchas del Valle y el Cauca estimulaban a cualquier retador. Cada mañana de domingo el equipo se reunía en un parque de Puerto Tejada; aquella reunión era una fiesta de domingo, viajar con el equipo era un gran orgullo, se había ganado una fama que le servía de carta de presentación, nosotros éramos sus ángeles y guardianes, colaborábamos en la vaca pál pasaje y el almuerzo, en la vigilancia de la utilería; llenábamos cualquier bus que contrataran, la gente se iba colgando, nadie se quería perder el juego, lo que empezó a constituirse en un problema, pues no había cama pá tanta gente. Fue este asunto el que motivó a cambiar las estrategias de desplazamiento y originó un nombre mucho más acorde y emotivo para el grupo. Don Aristídes Alegría quien venía siguiendo al equipo de cerca, ofreció un par de buses de su pertenencia para los viajes, los tumultos no se acabaron, pero se evitaban los tramites de la contratación y había mucha más libertad en los desplazamientos, ya que podíamos permanecer después de los partidos en las poblaciones anfitrionas, pues rara vez el equipo jugó de local.

Y era que este equipo no jugaba de local, pues sus integrantes de diferentes poblaciones no jugaban en nombre de un espacio político, sino a favor de la fantasía itinerante que los unía como equipo, en un propósito conjunto de divertirse en un poblachón desconocido cada domingo, donde la magia se apoderaba de la cancha provocando goleadas escandalosas y reduciendo rivales que no podían birlar la supremacía mostrada por este aguerrido e invencible conjunto. El nombre de Atlético Valle del Cauca empezó a desvanecerse de su molde inicial. Con el apoyo incondicional del señor Alegría, se hizo necesario apropiarse de un nombre más personal y representativo, empezaba a nacer El Independiente Alegría, nombre con que se le conoció hasta su desaparición a principios de los ochentas, cuando murió el mecenas del transporte y el equipo volvió a su sedentarismo por falta de lucro. La esencia de este equipo estaba en el viaje, ya nadie quería reconocerse como el equipo imbatible que tenía centro en Puerto Tejada, si no se viajaba, moría uno de los intereses defendidos a lo largo de tres años gloriosos de leyenda y buen fútbol: la trashumancia. Situación que lo reducía a ser un equipo vulgar que esperaba la afrenta en su patio, patio que no era conocido, ni defendido por ellos; pues ellos amaban enfrentar a los rivales en su casa, contra pronósticos, apuestas y seguidores. La era del Alegría cambiaba de propósitos, lentamente la leyenda se diluía...

Polifonías de una postal futbolera

Llegamos a la tienda. Don gilberto me presentó en una mesa muy animada donde se tomaba cerveza, y me pidió que mostrara la foto. Sorpresa para todos... las miradas recaían en la nostalgia y señalaban con el dedo a aquellos héroes sin corona de laureles, que llenaron de risa, alegría y fascinación, el ocaso de una década y el delirio de una generación. Era el mejor equipo de mundo, cuando jugaban, parecía que era el viento quien los empujaba. Nos llenaban las tardes con tacos, bicicletas, galletas y goles de antología. Tenían una elegancia natural, un buen trato a la pelota y la picardía del jugador vallecaucano. Ese equipo debió haber llegado al profesionalismo. No, el fútbol profesional, no da tales frutos. Se reunían en el campo de juego, un calentamiento corto y tengase porque salían a avasallar. Aposté en varias ocasiones y me hicieron ganar unos buenos billetes. En Corinto nos llovieron piedras después de la goleada 9 a 1. Jugaban con alegría y entrega. Nos regalaron las mejores imágenes del fútbol.

El Independiente Alegría cautivó corazones entre 1977 y 1980, ahora sus jugadores y seguidores se hallan desperdigados por este Valle, pero en sus mentes y corazones quedó la vitalidad de otras épocas, cuando cada viaje era la excusa ritual de regalar un domingo, a la fiesta más popular del universo, la que agrupa hombres bajo la inmortal alegría del fùtbol, sea cual fuese la cancha, fuera cual fuese el rival. Los pueblos del sur del Valle y el Norte del Cauca aún cantan y se embriagan con su epopeya. Toda la juventud quedó en el Alegría.

En la fotografía

De pie de derecha a izquierda: El ratón Miguelito (Entrenador), La araña Castrillón (Portero), Ibarguen y Torres (defensas Centrales), Caicedo (Volante ofensivo), Jorge Mendez (Marcador de punta), Castillo (Volante de contención)
Abajo de derecha a izquierda: Angulo (Delantero), El diablo Murillo (Volante 10), Luis Agudelo (Volante de contención), Sinisterra (Volante Ofensivo), Piquiña Lucumí (Delantero goleador)

Última actualización el Viernes, 20 de Agosto de 2010 18:01
 

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