Home Literatura y Crítica Crítica: Cultura y sociedad La lucha contra la cultura dominante en los años sesenta
 
La lucha contra la cultura dominante en los años sesenta PDF Imprimir E-mail
Escrito por Lina Marcela Huang   
Domingo, 07 de Noviembre de 2010 05:00
Con el pensamiento de la posguerra, se inicia un cuestionamiento que comienza por estudiantes jóvenes, quienes aspiran principalmente a un cambio en la cultura. A este fenómeno se le llamará Contracultura, precisamente porque su revolución no empieza siendo crítica con las instituciones políticas en sí, sino con aquello que abarca el espectro de la cultura de las generaciones anteriores.

La idea de rebelarse contra el mundo adulto y salirse de los parámetros establecidos se encuentra en boga en este período. Es la época del hippie, el hombre apartado de la sociedad, el sexo libre, el descubrimiento de nuevos mundos, el consumo de alucinógenos para involucrarse en otras experiencias, el interés por las culturas orientales que se salgan de lo común y otros factores que manifestarán el deseo de los jóvenes por marcar una diferencia frente a la anterior generación. Un buen ejemplo de ello, es la canción “The Wall” de Pink Floyd, la ruptura con esa sociedad que vista desde el adolescente o joven, marcha hacia y por el poder.

En los años sesenta, son representantes de la contracultura diferentes escritores y artistas, entre los que figuran Jack Kerouac, Allen Gingsberg, William Borroughs, Neal Cassady, Gary Zinder, William Carlos Williams, Gregory Corso, Larry Rivers, David Amram y Lawrence Frelinghetti que conformaron la generación Beat y grupos musicales como The beatles o The Rolling Stone. El jazz, un ritmo que rompe con las barreras de lo tradicional, así como la apertura hacia las culturas africanas representadas en el dadá y otras corrientes artísticas, conforman esta época con el vigor y la fuerza que desencadenaron no solo dentro de ella, sino en las generaciones venideras.

La figura de una mujer paradigmática de este tiempo es expresada con Janis Joplin, “La dama blanca del Blues”, no solo con su vida plagada de poesía, música y el consumo de drogas y alcohol, sino con la consolidación como cantante y manifestación de rebeldía ante los cánones establecidos, gracias a su potente voz y su alejamiento de las formas de vida que marcaban las estructuras sociales imperantes.

También es necesario mencionar un fenómeno importante que caracteriza la época: el ideal cosmopolita. El Rolling Stone, aquel que va de un sitio a otro sin detenerse, se manifiesta en escritores como la generación perdida y exiliada: Ernest Hemingway, Ezra Pound y otros grandes poetas serán el perfil de los “desarraigados” que “no pertenecen a ningún lugar” y buscan su identidad en otros sitios.

En Colombia, una de las corrientes más significativas que se pueden observan en el marco de este movimiento es el Nadaísmo con dos de sus principales representantes: Darío Jaramillo y Gonzalo Arango. Su poesía, basada en el existencialismo, vibra para erigirse como un culto a la vida y una proclamación por no ser “nada” y que gracias a este mismo carácter, la vuelve inmortal.

Pero más allá de pensar en quienes fueron los representantes de la contracultura de posguerra, es necesario reflexionar acerca de la influencia que tuvieron y tienen aún sobre la gente y sobre la misma cultura. Respecto a ello, el filosofo colombiano Jorge Restrepo[1] en su obra “La generación rota”, muestra como el fenómeno se empezó a volver comercial y a popularizarse. La idea de ser el héroe solitario alejado de la sociedad se convirtió en una moda y paso a formar parte del consumismo y el comercio. Un claro ejemplo de ello es la popularización de “The Beatles” o la representación del Ché Guevara en camisetas y otros artículos, entrando a formar parte del sistema capitalista que comenzaba a dominar.

La imagen del Ché, trae a colación la importancia que se atribuye en la contracultura al mediar en la consolidación de diversos movimientos. Desde el feminismo hasta las guerrillas, hubo una transformación en las formas de pensar el mundo, como menciona el filósofo Jorge Restrepo[2], aunque es necesario volver a resaltar que la “Contracultura” no comenzó en contra de las instituciones políticas.

Si se quisiera mencionar la totalidad de las expresiones contraculturales que se dieron en los años sesenta y que se siguen dando, sería necesario extenderse aún más, pero aquí lo fundamental es que para comprender las implicaciones que desencadenó la contracultura y la revolución en los años sesenta, es necesario mirar como a través de las propuestas hechas por estudiantes de distintos países y diferentes manifestaciones artísticas, los individuos comenzaron a descubrir que existen otras maneras de pensar alternativas y distintas a las ideologías dominantes.

Quedan como un eco de esta percepción, las palabras del poeta español Alfonso Dámaso: “Grito no es vibración de ondas al viento, grito es conciencia de hombre sublevada”.

Última actualización el Martes, 08 de Febrero de 2011 04:54
 

Actividad reciente

Reciente
Leído
Popular
Facebook
Tweets
 

Novedades Literarias

Artículos recientes

 

Design Expresión Viva. Potenciado por Joomla!. Valid XHTML and CSS.

@Expresionviva Facebook Expresión Viva
 
 
 
@Expresionviva Facebook Expresión Viva